Como la sangre, como el fruto de la muerte

Primera Luna (2020), Iván Santiago Londoño

Por: Diana Carolina Gutiérrez

Entre la niebla y las montañas, con ese aire de catolicismo rural, detenido en el tiempo, vive Lizet con su familia, una madre abnegada, que acepta el orden de las cosas, que acepta el rol de la vida y las dinámicas de muerte, y un padre silencioso pero rudo, demandante, nacido en y para la tierra. En este escenario, el director Iván Santiago Londoño, oriundo de La Ceja, junto al guionista Yaison Cardona y el montajista Liberman Arango, nos acercan no solo a un contexto que para muchos colombianos es cercano: el campo, la finca, sus animales y quehaceres, sino, aún más, a una pregunta sobre la tradición históricamente instaurada y el lugar de la mujer.

En primera instancia vivimos junto a Lizet la preparación de su rito de bautismo, tardío por cierto, pues ella está en la flor de la adolescencia y se turna durante el día entre ayudar en la cocina o velar por las gallinas (otro de los personajes de esta historia), y atender a su madre en la confección y preámbulo de su bautizo; es su madre, entrada en años, quien adorna su vestido, se lo mide con toda la premeditación del caso y carga de sentido este rito religioso como un legado femenino de pureza iniciática, ante el cual Lizet no parece demasiado entusiasmada.

En este sentido, el manejo técnico y de paleta de color es claro para representar las edades y momentos;  por un lado, Lizet es vestida mayormente de tonos rosas y blancos (asociados a la juventud), mientras que en su madre predominan los grises desaturados y un par de rojos, asimismo se trabaja en el encuadre la relación entre los roles del padre y los roles femeninos, siempre el primero se encuentra realizando otra acción lejos de ellas indicando sus justas diferencias; pero lo más importante es cómo se carga de simbología precisamente la primera luna, ese momento crucial en la vida de un mujer, esa señal cuando un fruto maduro rueda por el suelo, presto a ser devorado, esa especie de carga silenciosa que anuncia un destino, un vínculo ya imborrable con la luna, con la madre, si lo miramos desde su origen griego.

No es fortuito en el cortometraje el uso de los frutos, el agua y lo rural como escenario metafórico para que este ciclo orgánico de muerte-vida suceda, cuando una mujer nace, la tierra también ejerce un sacrificio, hay un carácter purificador en el agua y un despertar ante la naturaleza misma, ¿quién es Lizet, entre las ramas y el silencio?, ¿con quién hablaría Lizet, si su padre está inmiscuido en las labores del campo y su madre celebra su bautizo como una fiesta religiosa más, aunque importante?  El agua cae, la sangre corre, los frutos maduran y mueren, la inocencia se esfuma y se abre paso la fértil siembra de la noche.

Ante estas preguntas y una soledad inenarrable que nos genera cada acto de Lizet, amoroso, callado, un acto de rebeldía oculta, que tiene como única compañía una gallina condenada a muerte a quien intenta proteger hasta el final, la única prueba fortuita de amor que también le es arrebata por el precio de la sangre, la flor deshojada, el precio de una cena santa, una cena-rito en la que está igualmente sola y el espectador ve, como en un espejo, la historia de muchas niñas que viven hoy en al ruralidad. Vivimos con ella el rito, sosamente, con una desazón suprema y nos ofrendamos también a la luna, y volvemos a través de Lizet a la naturaleza, a una inocencia primera, de una manera sencilla y poco pretensiosa, pero certera,  pues ni ella ni sus padres emiten demasiadas palabras o diálogos para lograr sentir en carne propia un momento tan íntimo, donde no queremos ser observados, pero igual los demás alrededor celebran.

El alma oscura de la fiesta, abúlica, sin apetito, sin sonrisa, así se siente Lizet en su bautizo, ha conocido el amor, luego la muerte, ha conocido la belleza, también la crudeza de la finitud; el ritual, sabemos, lo hacen otros, lo vemos desde afuera, como una danza sangrienta, como un sacrificio digno para Dios. Se trata entonces de una pregunta por el lugar de nuestras tradiciones, una pregunta por el devenir mujeres (aunque no sea un cortometraje para las mismas), y sobre cómo nos afirmamos en nuestra propia historia, religiosa, íntima y moral.

Primera Luna

Ilustración por: Viviana Buitrago Ceballos IG: @vivianabuitragoc

La mejor parte de hacer esta película fue haber conocido la familia campesina que acogió con todo su amor a todo el equipo durante la pre y el rodaje.

NOTA DE INTENCIÓN

Si hay algo realmente mágico sucede en la naturaleza, donde todo nace con la misma facilidad que muere creando un ciclo infinito de vida y muerte en medio del (des)orden perfecto y la armonía de las formas puestas al azar, “la maleza” se convierte en la victoria de la vida en su batalla con el tiempo, abrazándolo todo, cubriéndolo de rebeldía; el canto de los pájaros atraviesa el silencio y espanta la soledad, es al mismo tiempo música y compañía; sentir los árboles es cuestión de olvidar el tacto y afinar el corazón. Otro sol ilumina el campo, otra luna lo visita, otro aire se respira, otra agua es la que baña; una humanidad diferente surge allí, menos vanidosa y ambiciosa, más fuerte y sensible, casi por completo olvidada. Es precisamente esa esencia la que buscará capturar sonido y cámara, fundiéndose con la naturaleza, encontrando la belleza a partir de su forma sin necesidad de modificarla, utilizando los rayos de sol y el sonido del campo, fluyendo a través de él al lado de los personajes interpretados por actores no profesionales, los mismos que inspiran esta historia y que años atrás me dejaron entrar a la intimidad de su casa; el trabajo con ellos consistirá precisamente en lograr esa intimidad ante cámara, dejando que conversen con ella, se acostumbren a su presencia y lleguen a ignorarla. Aprovecharemos lo que teje el paso del tiempo en todo lo que toca, las paredes desgastas, las marcas del fuego en el fogón de leña, los machetes obsoletos por exceso de uso y los matorrales de un cafetal abandonado que a paso lento se acerca a la casa.

Vivir en el campo es estar presente donde ocurre la magia, eso es la primera luna, una obra de la naturaleza mágica, una mezcla entre la magia natural y la naturaleza humana, para eso la filmamos, para atrapar su luz, afinar el corazón, escuchar su música, respirar su aire y tomar su agua, para acompañar la espera y sentir la magia de la luna que transforma a una niña en mujer con su llegada, para compartir con otros la dicha de hacer cine y ser parte de otras vidas, finalmente en el cine lo que se cuenta se vive, para refrescar la memoria, recordar las raíces y plantarlas nuevamente. La Primera Luna es una excusa para conocer sus personajes, descubrir a través de ellos y en ellos la belleza de lo simple, recorrer los antiguos caminos de herradura hechos paso a paso, disfrutar el sabor a leña en las arepas recién hechas, para dejar de sentir el paso del tiempo y arrancar el campo veinticuatro cuadros por segundo del olvido. 

Santiago Londoño.

El miedo de aceptar la vida

Macarena, de Raquel Tamayo

Por Verónica Salazar

Es una fiesta de cumpleaños y todos van por su lado. Los adultos le dicen que está muy grande, pero los adolescentes la miran como a una niña pequeña. Macarena, también por su lado, no encuentra otro entretenimiento que jugar con una bomba; trata de mantenerla en el aire y la persigue por toda la fiesta. Al igual que a su hermana Eva, la cumpleañera.

El día en que su hermana, tradicionalmente, “deja de ser niña para convertirse en una mujer”, Macarena se muestra preocupada por los cambios que puede traer esta nueva etapa en su buena relación de hermanas. Una premisa que encaja el corto en aquellas historias coming-of-age, que se fijan en el descubrimiento de la vida desde una perspectiva joven y, en este caso, en el miedo que esta genera. Porque crecer duele, pero sentir que lo que te rodea lo hace a mayor velocidad es el dolor de Macarena. Un dolor sutil que ella busca callar cantando canciones alegres en su cuarto.

Esta historia revela más de lo que cuenta, pues el tiempo en cámara no supera un día, y el relato que deja ver nos habla de la relación entre Macarena y su hermana, Macarena y su familia, Macarena y el mundo. Este es el gran logro del cortometraje de Raquel Tamayo; contarnos sobre los sentimientos y miedos de la chica sin nombrar uno solo. Además, deja su marca que es una mirada joven, sensible e inocente.

Macarena no es una niña melancólica y su historia no es trágica. Sin embargo, el corto contrapone un estilo visual y narrativo alegre frente a una serie de guiños que le dicen a la protagonista que su miedo a que Eva se aleje puede cumplirse pronto. Que la vida corre y no espera a nadie. Ella, decepcionada pero no derrotada, sigue intentando conseguir aquello que busca: la atención y el cariño de su hermana mayor. Prolongar una época que para ella aparenta ser cómoda, agradable y alegre.

Se nota un trabajo delicado y minucioso en la producción y el arte, que se apoyan en la actuación de Juanita Cadavid, quien, a su vez, le pone mucho carisma a la pieza. Es alegre, extrovertida, jovial y persistente. Similar a la canción que lleva el hilo narrativo, “Rodando en la luna”. Macarena la adopta como un himno y un símbolo de su relación con Eva.

En la fiesta, Macarena se siente invisible. Eva, por su parte, quiere serlo. Todos sus familiares y amigos están reunidos, viendo videos caseros de cuando era pequeña. A algunos les causa gracia, pero a Eva le causa vergüenza. Precisamente lo que Macarena teme causarle a su hermana mayor, ahora que tiene 15 años. Por eso la busca e insiste que canten juntas “Rodando en la luna”. Le pide la canción al DJ de la fiesta y busca que su hermana, distraída con sus amigas, le dedique una foto, una canción, una mirada.

Pero, finalmente, no depende de Macarena. La fiesta continúa sin ella, así como la vida de su hermana. Y su canción, frente al reguetón que bailan Eva y sus amigos, terminan por cruzarse y hasta confundirse, en representación de dos generaciones, o simplemente dos edades que comienzan a alejarse, sin dejar de coexistir.

Sobre Macarena

Raquel Tamaño

Cuando pienso en el rodaje de Macarena, recuerdo primordialmente una cosa: personas que amo estando ahí para contar conmigo una historia sobre personas que amo. Para mi, esta historia, como las que quiero seguir contando, parte de un amor profundo por mis hermanas, por querer contar sus historias, nuestras historias. Por querer narrarlas de una manera compleja y profunda, por querer narrar nuestras dinámicas, nuestras preocupaciones. Por querer entender quiénes fuimos, quiénes somos y por querer capturar eso tan hermoso y doloroso que es para mi el crecer. Macarena fue rodado en mi casa. Actúan mis papás, mi hermana canta. Los extras son amigos, la mamá de Macarena es su mamá real. Siempre existía un deseo por generar un espacio de familiaridad en el set, para que el mismo ambiente inspirara vínculos y facilitara la intuición. El cuarto de las niñas en el corto está lleno de mis cosas y de las de mis hermanas, los cuadros son nuestros cuadros, las cobijas, nuestras cobijas, el nochero, nuestro nochero. Incluso por casualidad me tocó ser extra en una escena y el único vestido que quedaba para mi era el primer vestido que me puse para una fiesta de quinces en mi vida. Todo esto para hacer el intento de enmarcar un pedazo de mi memoria y de nuestra memoria. Para siempre recordarnos y para entender cómo cambiamos. Para decirles que las amo y que nunca quiero que se me vayan. Para decirme a mí que el cambio es necesario y que siempre sigo creciendo. Para que otras se encuentren un poco en mis historias también, como yo me encuentro todo el tiempo en las historias de otras.

Ilustración por Nube IG: @ __nube

Sosteniendo decisiones

Aguante, de David Muñoz

Luisa M. Cárdenas

Cuando una decisión se toma se puede escribir en la arena o en el viento, pero cuando se marca en el cemento o en la piel se hace perecedera. “Aguante” es una palabra que se usa coloquialmente para referiste a una resistencia, sea cual sea. Resistir la vida, una pasión, un problema, una decisión… El esfuerzo de un “aguante” es la determinación de asumirlo como una decisión marcada en la piel o plasmada en el asfalto.

Con Aguante, cortometraje documental dirigido por David Muñoz,nos encontramos ante Jhonatan, quien asimila sus decisiones como marcas definitivas; no hay arrepentimientos, hay objetivos y perseverancia. Se trata de un personaje inmerso en un contexto de multitud, siendo él un representante de la pasión que lleva en sí un gran grupo de personas, a quienes los mueve una fuerte pasión. El cortometraje muestra cómo se prepara una parte de la hinchada del equipo de fútbol Deportivo Independiente Medellín (DIM), La Banda de los Trapos. Pero se enfoca en uno de sus líderes, Jhonatan, un hombre apasionado por su equipo y por su hijo, que actualmente vive en España.

Se trata entonces de un retrato de personaje que se abre al relato de un momento colectivo. Uno clave e importante para La Banda de los Trapos, donde se evidencia la preparación para un clásico: un partido entre el DIM y el Atlético Nacional. Cantidades de telas se expanden por el estadio y, en este relato, nos damos cuenta de todo el esfuerzo que hay detrás de esas banderas gigantes y, sobre todo, comprendemos lo que hay detrás de la euforia que se evidencia a la hora del partido.

Teniendo como contexto el momento de preparación colectiva para el partido, queda la pregunta frente a la narrativa del documental: ¿estamos viendo una historia de personaje o una historia de contexto? Pareciera que para el corto se desdibuja la idea de personaje y lo diluye en su entorno colectivo, a pesar de que trata un tema tan íntimo del mismo cuando se refiere al hijo.

Sin embargo, lo que resalta de esta ligera confusión es que se trata de un entorno movido por la pasión y la perseverancia ante una o las decisiones en la vida. Lo difícil de una decisión es sostenerla. Pero Johnatan enseña que una decisión tomada se asume y no hay vuelta atrás, haya sido dejar ir al hijo o seguir con el alma a un grupo deportivo o, incluso, dejar una de esas pasiones por la más vital. Amar un hijo y amar un equipo de fútbol son decisiones de cemento o de piel, aunque se pierda o se esté lejos.

Ahora, por medio de la propuesta visual, es decir la propuesta fotográfica, que está en manos de Sara Rivera, se hace inmersión en esa euforia que caracteriza un universo colectivo alrededor de la pasión por el fútbol; donde los instantes que pasan apresurados se quisieran alargar para guardarlos o coleccionarlos. También, donde los momentos en que se cuestionan las decisiones se afrontan. Se logra por medio del ralentizado, que da paso a un ritmo orgánico dentro del cortometraje, aunque se perciba una intervención del tiempo real de la vida. Esto acompañado del recurso sonoro. Los cantos, los gritos y los tambores se desligan de su momento originario, incluso los diálogos, permitiendo así una percepción distinta de la euforia, esa que da escalofríos en medio de la multitud enardecida de pasión. Una multitud que ha decidido seguir con el espíritu a un equipo deportivo y un hombre que ha decidido seguir con el amor a su hijo.

Crítica por Luisa M. Cárdenas

En el Aguante

El 26 de noviembre de 2019 se jugaba el partido de vuelta de la nal de la Copa Águila en el Atanasio Girardot después de un 2-2 en Cali. Ese día, dos goles del DIM en el primer tiempo, y un gol del Cali al 92 hacían ya especial esa nal, pero en el corazón de la popular, en medio de la locura que se vive en la barra, para nosotros lo era el doble. Se sentía un aire de gloria y revancha después de una seguidilla de malos resultados que habían llevado incluso a enfrentar a los hinchas y a los jugadores, reclamandoles entregarse al máximo en la cancha como ellos lo hacían en la tribuna. Saltar a la cancha después del partido para celebrar el triunfo, y ser llamados en cada esquina afuera del estadio por los integrantes de los diferentes parches de la barra para brindar con ellos, fue la experiencia más gratificante que pudimos vivir.

Visión del Cine del director. David Felipe Muñoz Fajardo

En una sociedad en la que la distancia no ha sido un tema actual por la emergencia, sino por el contrario una constante, he encontrado desde siempre la necesidad de acercarme al mundo para comprenderlo y ser más empático con todo lo que me rodea. Cuando, siendo más pequeño descubrí la fotografía, encontré la posibilidad de hacer visible a la gran mayoría, lo que algunos pocos deben vivir, lidiar, o también gozar. Cuando es tan fácil juzgar y excluir a alguien, es una responsabilidad, al menos para mí, revelar la otra cara de la situación, como muestra de que todo sería distinto si nos detuvieramos a observar con más calma todo, en lugar de preferir imponer nuestros pensamientos. Por eso, en Aguante se revela el rostro del hincha, del murguero, del costurero, pelados que a la vista de muchos, no son más que un estorbo para la sociedad, pero que llevan a dentro el verdadero significado de lealtad y solidaridad, algo que tanta falta nos hace.

Ilustración por Shuni IG: @shunikuz

Náufrago, Tatiana López

Sobre el concepto del cortometraje

El cambio es un elemento fundamental en la vida misma, el hecho de que somos seres de adaptación me hace pensar como estamos en un constante devenir, donde la resiliencia es un factor esencial para sobrevivir. Asemejo al hombre con una esponja, capaz de absorber y de coger distintas formas, donde la vida y sus peripecias lo van moldeando.

La identidad hace parte de uno de los temas que como cineasta me ha gustado abordar; el interés por este es gracias a la pregunta ¿quién soy?, donde la respuesta no logra abarcar ni condensar lo que realmente se es, y lo único que se logra es darse cuenta de lo poco que se conoce pues el ser humano es un ser de constante cambio.

Somos tan particulares que en esto radica la autenticidad del ser, pero aceptarse a veces cuesta por miedos internos o externos que nos aquejan, por eso mentimos, ocultamos nuestra esencia, pero tarde o temprano se va desvelando esa verdad que tanto se ha querido esconder.

Náufrago habla de la identidad y del miedo de conocerse, descubrirse y de reinventarse, somos un barco a la deriva donde las olas que son nuestras acciones pueden hacer que el navío se volquee, y recae en nosotros mismos el volverse a montar en la misma barca o construir una nueva para seguir navegando.

Sobre el proceso del rodaje

Creo que la universidad es un espacio para soñar, crear y equivocarse, y Naufrago es un gran ejemplo de ello, pues uno como estudiante cree que es capaz de hacerlo todo, y eso es una gran mentira; hay errores desde el rodaje que la posproducción no arreglará, además se es necesario de un gran engranaje para que el mismo coja cuerpo y para ello se hacen necesarios recursos económicos. Por esto la construcción de este proyecto ha sido lenta, pues con el tiempo se han venido sumando a este barco estudiantes y docentes de otras áreas que son necesarias en el enriquecimiento de la obra audiovisual y que quieren aprender acerca de su labor en el cine. Como directora me siento honrada de que otras personas aprendan y crezcan profesionalmente como yo lo hice gracias a Náufrago.

Este es un cortometraje 100% estudiantil que se realizó para la matearía taller central en el 2018-2 por estudiantes que estaban cursando tercer semestre en ese tiempo. Su preproducción y producción se hizo en un mes y medio, el rodaje fue de dos días y el primer corte o acercamiento a lo que se buscaba fue de dos semanas; para adquirir fondos para el rodaje hicimos una venta de garaje y buscamos ayudas internas con conocidos.

Al contar con escenas intimas buscaba que los personajes se sintieran cómodos y lograran tener complicidad en el rodaje para ello conté con un crew pequeño. El día de rodaje quede realmente satisfecha con la labor realizado por mis compañeros que al igual que yo estaban aprendiendo. La habitación me la prestó un amigo, y se le pinto un par de paredes que a la fecha siguen así, y por querer tomarnos una foto de todo el equipo en un plano cenital, dañamos el techo.

Del erotismo y el reconocimiento

Crítica: Ángela Cardona – Náufrago, Dir: Tatiana Andrea López Herrera. 2020

Adolescencia, etapa clave para cimentar las bases de la persona que se va a ser, la época para descubrirse y relacionarse de forma afectiva, es cuando surgen cuestionamientos, impulsos, la exploración sexual y la búsqueda del placer y justamente este es el momento que viven Juan y Samantha la pareja que protagoniza Náufrago, él con una libido muy despierta que manifiesta con su constante seducción y ella, que aunque también parece tener un alto apetito sexual, está concentrada en terminar la tarea y evita que se desencadene aquello que él desea.

Es entonces como él en medio del cortejo y sus fallidos intentos explora otras formas de llamar su atención y cuando se habla de exploración no solo lo hace desde los recursos que tiene a la mano, ropa y el maquillaje de mujer, sino desde su misma sexualidad.

Y empieza la seducción y el coqueteo, él se trasviste sin ningún tapujo, baila con erotismo y se mete en un juego de rol que da cuenta de esa búsqueda por el placer sin límites acorde a su edad. En este punto el corto se adentra en un tono erótico que cede a los deseos del protagonista. La iluminación rosa pastel sube de tono y ahora la pasión se desata.

Aquí el corto dirigido por Tatiana López pone al espectador en una posición de mayor contemplación pues la expectativa que se plantea desde el personaje de Juan por la búsqueda de la relación sexual finalmente se da, aún así la narración se mantiene, particularmente a través de la gestualidad y los cuerpos que son los que dan cuenta de las sensaciones de los personajes. Se evidencia entonces un buen trabajo por parte de su directora que sabe conducir a sus actores y que estos logren una expresividad sin diálogos -solo hay un par de palabras en todo el metraje- soportándose de la música que guía el tono de la narración.

Desde el arte y la iluminación es notable que se han hecho, además de narrar, para apoyar el subtexto del corto, sobre todo en su paleta de colores y es que no resulta gratuito el contraste entre el rosa y el azul, justamente la representación de lo femenino y lo masculino en las connotaciones de género y es esto lo que sucede con el personaje de Juan, que en principio parece ser un hombre libre de las ataduras que impone la sociedad desde lo que significa ser hombre, especialmente en una cultura machista en la que no muchos se atreverían a vestirse de mujer y usarlo a modo de seducción, sin embargo él va más allá y es así que consigue su propósito, ella responde también con su exploración y cuando el acto sexual va en alza él disfruta, se ve cómodo, pero al encontrarse a sí mismo ante las convenciones culturales y sociales, naufraga y se deja hundir por ellas, eso que llevaba buscando durante un buen rato ahora no le apetece. Es entonces el reflejo de lo que significa la masculinidad y del enfrentamiento de este hacia las ideas culturales que le coartan su deseo.

Así a través de planos sutiles y cuidados la directora logra un corto entretenido y cargado de erotismo, pero también tiene de fondo un tono crítico donde a través de un joven cuestiona algunos de los parámetros culturales y sociales que confrontan a los hombres.

EL RETRATO, MIRANDO AL AUSENTE

Por Santiago Giraldo Arboleda

Como lo menciona Jean Christophe Bailly (2001) en su libro La llamada Muda, el sentido del retrato es el de imitar, el de simular la presencia efectiva de un ausente. Y es por esto que la ausencia es la característica principal del retrato. El retrato no busca mostrar una presencia, sino hacer evidente una ausencia y como consecuencia se considera un acto funerario. Dentro del universo de este documental, el sólo acto de querer grabar a un artista, a un director, que tiene tal consciencia de la cámara, significa para éste una pregunta por la muerte. Razón por la cual durante mucho tiempo sentí que las ganas autodestructivas crecieron en Javier gracias a la película, y para reducirlas tuve que alejarme de él por periodos largos, hasta que él mismo decidiera romper el silencio.

Javier, durante mucho tiempo me pareció como un personaje suspendido en el tiempo un concepto que tomo de Didi Hurberman (2008) cuando se refiere a que a través de las imágenes le damos forma a la precariedad del otro y que todo eso que vemos nos contempla. Al yo mirar a Mejía estaba poniéndome en un marco para que él me mirara a mí, razón por la cual en el retrato no solo aparece quien es dibujado, sino también quien dibuja, porque la precariedad de su gesto puede ser causada por el otro.

Ilustración por: Pablo Gónzalez
IG: @gallineto._.o

Mantén la distancia… y evita el dolor

La mirada desnuda, de Santiago Giraldo Arboleda

Por Manuel Zuluaga

El cine de no ficción continua libre en su camino de apertura a nuevas formas, más cercanas a la experimentación y más lejanas de la información; sin embargo, mantiene un vínculo ético con la realidad más notorio y evidente que aquel que se da en la ficción o incluso en el experimental. En La Mirada Desnuda, el retrato documental de un director de cine decadente, es la oportunidad de revisar la memoria y los fantasmas de la Medellín de los años noventa, en una serie de hibridaciones entre el live action y la animación, que ponen en cuestión la relación ética del sujeto documental y el realizador. El cortometraje en sus búsquedas establece novedad tanto al cine local como al cine documental animado, en un interesante meta relato sobre las narrativas de Medellín.

Javier Mejía, director de Apocalipsur (2004), es el protagonista de este largometraje en donde la cámara actúa como confesionario y escucha sus anécdotas cargadas de risa y temor, evidencia de la crisis de la mediana edad, a la que se suma la frustración de un artista con proyectos sin acabar. Marchito por una ciudad que no reconoce, Mejía se entrega al pacto documental que le propone el realizador Santiago Giraldo Arboleda, y entre ambos hilan una conversación alrededor de la pulsión creativa por exorcizar lo que fuera la ciudad más violenta del mundo. Pronto, el dialogo, profundamente marcado por la voz gangosa de Javier, revelara momentos sublimes, donde la belleza y el horror se mezclan y nos recuerdan un par de verdades sobre la ciudad que habitamos, connotando la relación de amor-odio hacia Medellín.

La Mirada Desnuda, que fue selección en “Cortos de aquí” del FICCI 60 y que alcanzó a ser estrenado antes de que fuera cancelado, retrata a Mejía de una forma atractiva y empática, sin embargo, la imagen del director encantador se disloca sobre el clímax del cortometraje, tras una discusión entre sujeto documental y realizador que pone entre dicho el pacto de quien se deja grabar y quien graba. El film pasa de ser un retrato íntimo a un documental reflexivo, que revela la intervención sobre la realidad en un ejercicio por reconocer que los planes de Santiago Giraldo se vieron interrumpidos por un protagonista avasallador que pone un límite a lo que quiere revelar. En este momento, la estructura del cortometraje toma otro camino que recupera sobre el final, sin embargo, deja un sin sabor, en el que la falta de material y las nuevas circunstancias del rodaje limitan el buen rumbo que llevaba la obra, cayendo así en formas de montaje más cercanos a la crónica y el reportaje.

A pesar de ello,  la obra es capaz de mantenerse con vigor, especialmente gracias al valor visual y juguetón que tiene. Y es que, en La Mirada Desnuda, el realizador Santiago Giraldo, músico (En la Arboleda) formado en diseño gráfico y egresado de la primera cohorte de la maestría en documental de la UPB, y con experiencia previa en video clips musicales, juega a ser un VJ, un mezclador visual, en donde hace uso de la entrevista en live action, el making off de Apocalipsur, los recortes de periódico y la animación por rotoscopia para crear un lienzo fresco que establece antecedentes para el mismo medio.

Es de resaltar, principalmente, el uso que hace de la animación, que está en servicio del discurso documental no de una forma cliché o ya vista en otras producciones, sino que crea un nuevo paradigma. Y es que a diferencia de obras como Bowling for Colombine (Michael Moore, 2002), en donde la animación recrea hechos históricos ―en código de sátira―; o Vals con Bashir (Ari Folman, 2008), en donde la animación es la excusa para despertar la memoria personal e histórica; La Mirada Desnuda encuentra entre muchos matices y posibilidades de la animación, la manera de evitar el dolor presente en los momentos más honestos de Mejía, creando así una noción de respeto que recuerda al cine moderno. Un buen ejemplo es la famosa escena del teléfono en Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976), cuando Travis Bickle llama a su enamorada y es rechazado, pero la cámara evita ver su rostro y se desplaza centrando la atención en la calle, como en un gesto de solidaridad y respeto hacia el personaje. Así mismo, actúa la animación en este corto, en donde pocos trazos dibujan el rostro de Javier, y son suficientes para mantenernos a una distancia prudente de su dolor. Esto, como lo expone Alejandro Cock en su texto Documental y animación: realidad des-dibujada, se debe a que “llas imágenes iconográficas representando la realidad -incluso las más duras realidades-, pueden ser recibidas de una manera más abierta y desprevenida que la imagen fotográfica”.

El ejercicio formal que propone el cortometraje, y que acompaña el discurso poderoso y aún vital de Javier Mejía, es además un importante documento para el grueso de producciones que establecen el heterogéneo panorama del cine de Medellín, atravesado por la violencia y la muerte (leer el texto El cine de Medellín y la violencia, escrito por Oswaldo Osorio), un vínculo vigente desde las narrativas clásicas y mal llamadas costumbristas de inicio del siglo XX, que toman como punto de partida la literatura de Tomás Carrasquilla y Efe Gómez, y se potencian en el cine, especialmente en los años noventa, como herencia de la tercera violencia y las estéticas sicarescas. Sin embargo, y a diferencia de Rodrigo D No Futuro (1990), La virgen de los Sicarios (Barbet Schroeder, 2000), o recientemente Amigo de nadie (Luis Alberto Restrepo, 2019), la película de Santiago Giraldo es un meta relato, la oportunidad para regresar a la ciudad más violenta del mundo de una forma posmoderna, como un hipertexto rico y nuevo para volver a leer las maneras en que el arte se ha permitido desnudar a Medellín. En últimas, La Mirada Desnuda propone una nueva etapa para el cine local, “cine dentro del cine,” como lo que se aproxima con el film de Mercedes Gaviria Como el Cielo Después de Llover, sobre su padre, el director Víctor Gaviria.