El miedo de aceptar la vida

Macarena, de Raquel Tamayo

Por Verónica Salazar

Es una fiesta de cumpleaños y todos van por su lado. Los adultos le dicen que está muy grande, pero los adolescentes la miran como a una niña pequeña. Macarena, también por su lado, no encuentra otro entretenimiento que jugar con una bomba; trata de mantenerla en el aire y la persigue por toda la fiesta. Al igual que a su hermana Eva, la cumpleañera.

El día en que su hermana, tradicionalmente, “deja de ser niña para convertirse en una mujer”, Macarena se muestra preocupada por los cambios que puede traer esta nueva etapa en su buena relación de hermanas. Una premisa que encaja el corto en aquellas historias coming-of-age, que se fijan en el descubrimiento de la vida desde una perspectiva joven y, en este caso, en el miedo que esta genera. Porque crecer duele, pero sentir que lo que te rodea lo hace a mayor velocidad es el dolor de Macarena. Un dolor sutil que ella busca callar cantando canciones alegres en su cuarto.

Esta historia revela más de lo que cuenta, pues el tiempo en cámara no supera un día, y el relato que deja ver nos habla de la relación entre Macarena y su hermana, Macarena y su familia, Macarena y el mundo. Este es el gran logro del cortometraje de Raquel Tamayo; contarnos sobre los sentimientos y miedos de la chica sin nombrar uno solo. Además, deja su marca que es una mirada joven, sensible e inocente.

Macarena no es una niña melancólica y su historia no es trágica. Sin embargo, el corto contrapone un estilo visual y narrativo alegre frente a una serie de guiños que le dicen a la protagonista que su miedo a que Eva se aleje puede cumplirse pronto. Que la vida corre y no espera a nadie. Ella, decepcionada pero no derrotada, sigue intentando conseguir aquello que busca: la atención y el cariño de su hermana mayor. Prolongar una época que para ella aparenta ser cómoda, agradable y alegre.

Se nota un trabajo delicado y minucioso en la producción y el arte, que se apoyan en la actuación de Juanita Cadavid, quien, a su vez, le pone mucho carisma a la pieza. Es alegre, extrovertida, jovial y persistente. Similar a la canción que lleva el hilo narrativo, “Rodando en la luna”. Macarena la adopta como un himno y un símbolo de su relación con Eva.

En la fiesta, Macarena se siente invisible. Eva, por su parte, quiere serlo. Todos sus familiares y amigos están reunidos, viendo videos caseros de cuando era pequeña. A algunos les causa gracia, pero a Eva le causa vergüenza. Precisamente lo que Macarena teme causarle a su hermana mayor, ahora que tiene 15 años. Por eso la busca e insiste que canten juntas “Rodando en la luna”. Le pide la canción al DJ de la fiesta y busca que su hermana, distraída con sus amigas, le dedique una foto, una canción, una mirada.

Pero, finalmente, no depende de Macarena. La fiesta continúa sin ella, así como la vida de su hermana. Y su canción, frente al reguetón que bailan Eva y sus amigos, terminan por cruzarse y hasta confundirse, en representación de dos generaciones, o simplemente dos edades que comienzan a alejarse, sin dejar de coexistir.